miércoles, 4 de noviembre de 2015

Dar gracias a los amigos




 “Un amigo”, según el poeta y maestro libanés Khalil Gibrán,  es el campo que siembras con amor y cosechas con gratitud’. Y Mahoma, el Profeta del Islam, decía que “aquél que no agradece un pequeño favor, no agradecerá uno grande”. Ser amigo es ser agradecido.

La amistad y el agradecimiento son dos palabras fuertes, que se ligan entre sí porque ser amigo es sinónimo de ser agradecido. Se retribuye, se devuelve, se gratifica a quien te es leal, aquél que te regala su afecto, quien se convierte en tu incondicional camarada, compañero de labores, de afanes, de creencias o de vida. Porque de eso es lo que se trata ser un verdadero amigo.

Dar gracias y estar agradecido tienen que ver con reconocerle a otra persona alguna acción o manifestación que valoramos positivamente. Pero dar las gracias es mucho más que un acto involuntario o forzado que la etiqueta social te impone. No es porque tu mamá te enseñó a hacerlo, aunque, en efecto, así posiblemente lo fue. No es porque tus maestros te enseñaron que había que decirlo, las monjas en el colegio te obligaron  o el cura te dijo que si no lo hacías, pecabas. No. Dar gracias es mucho más que un simple acto de cortesía.

Es más que un gesto que toma un momento. No cuesta nada. Ni tan siquiera el esfuerzo. Pero sí es algo que determina cómo te relacionas con los demás, sean familiares de sangre o del corazón, amigos, conocidos o compañeros de labores. Incluso hasta los que no te conocen, interpretan y leen mucho cuando comunicas el agradecimiento, aunque se trate sólo de un breve momento.
Damos gracias por recibir regalos, porque nos hacen un favor o nos ayudaron en un momento de necesidad. Damos gracias porque el caballero sexy nos abrió la puerta, el mozo nos vertió un buen tinto en nuestra copa – o un buen escocés en el vaso -  o nos trajo algo que esperábamos. Dar gracias es una frase real, verdadera, oportuna e importante. Es casi algo omnipresente en la vida de todos. Por eso siempre el dar las gracias es un acto bienvenido.

Dar gracias es como regalar una flor. Decía el patriota cubano José Martí que “La gratitud, como ciertas flores, no se da en la altura y mejor reverdece en la tierra buena de los humildes."  Y el novelista francés Marcel Proust nos animaba a ser agradecidos “con las personas que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma”.

Porque una flor nos da alegría y cuando se marchita, tristeza. Igual pasa cuando no damos las gracias o no nos la dan a nosotros. Nos sentimos mal, nos duele o nos da tristeza y vergüenza recordar que no dimos las gracias en el momento justo y necesario. Por eso nos molesta y ofende cuando hacemos algo y la otra persona olvidó ser agradecido. Hay gente que guarda ese resentimiento por vida, y los carcome, porque no comprenden los porqués de esa ingratitud.

A veces ese resentimiento toca mi corazón. Cuando pienso que el destino me obligó a asumir lideratos y responsabilidades que no me correspondían. Cuando no llego a la meta de vida que me impuse, quizás demasiado alta, en ese momento. Cuando el agobio de la semana no me deja dormir y me levanto de madrugada, pensando. Cuando miro a mi hija y me siento tan sola en este esfuerzo, en esta lucha diaria por sacarla hacia adelante. Pero aun así, me detengo y doy gracias por lo que tengo y lo que soy. Por las bendiciones que tengo, que son muchas. Demasiadas, quizás, si me comparo con otras personas. Doy gracias en todo momento, porque es algo justo y necesario. Importante.

El no dar las gracias es sinónimo de maldad, de falta de educación y de ser grosero. De hecho, es una de las peores características de algunas personas que conozco. Ironías de la vida porque el ser agradecido va de la mano con la felicidad. Por eso el acto de decir “gracias” es una de las armas más poderosas contra la grosería cotidiana que describe la autora Lynn Truss en su libro “Talk to the Hand: The Utter Bloody Rudeness of the World Today”. Su mensaje es claro: el no dar las gracias es ser grosero, pero no sólo molesta y ofende a otros, sino que te hace lucir mal.

Según varios psicólogos publicados por el  Journal of Personality and Social Psychology (Grant & Gino, 2010) apuntan a que dar las gracias ayuda en la autoestima, mejora la salud, fortalece las relaciones sociales, promueve estados emocionales positivos, alivia el estrés y genera una sensación de bienestar. Dar gracias es algo mágico. Es una señal de respeto y es una admisión, el reconocimiento de que hicieron algo por nosotros.

En la que se considera la obra inaugural de la literatura cristiana, la primera carta a los Tesalonicenses (5:18) Pablo dice que hay que “Dar gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. Y  Buda decía: “Vamos a levantarnos y dar las gracias, porque si no aprendimos mucho hoy por lo menos hemos aprendido un poco, y si no hemos aprendido un poco, por lo menos no estamos enfermos; y si estamos enfermos, por lo menos no estamos muertos. Así que vamos todos a dar gracias”.

Y yo, humildemente, le doy las gracias a todos

Sandra Rodríguez Cotto

Escrito hoy 4 de noviembre de 2015, en Guaynabo, para dar las gracias a todos los que me llamaron, me escribieron y me contactaron en estos días para felicitarme por mi cumpleaños ayer.



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